Los errores al empezar un viaje suelen tener algo en común: parecen pequeños cuando los cometes, pero pueden complicarte las primeras horas de una escapada que llevabas meses esperando. Llegar tarde al aeropuerto, no comprobar cómo llegar al alojamiento o descubrir que tu tarjeta cobra comisiones por pagar en otra moneda no son precisamente la mejor bienvenida. Y sí, todo esto puede ocurrir antes incluso de haber visto el primer monumento.
El problema es que muchos viajeros preparan perfectamente el destino y descuidan el aterrizaje. Saben qué restaurante quieren probar, qué museo van a visitar y dónde hacerse la foto de rigor, pero no han pensado cómo llegar desde el aeropuerto, si necesitan efectivo o a qué hora pueden hacer el check-in. Por tanto, el viaje empieza con una carrera, una búsqueda desesperada de Wi-Fi y esa frase universal: «¿Pero dónde narices está el hotel?».
Además, existe una tendencia creciente hacia los viajes de bienestar, donde precisamente se busca reducir el estrés y disfrutar con más calma. Pero incluso el viaje más relajante puede empezar mal si se improvisan cuestiones básicas. La clave, por tanto, no consiste en planificar cada minuto, sino en eliminar de antemano los problemas previsibles.
Errores al empezar un viaje que conviene evitar
Uno de los grandes errores al empezar un viaje es pensar que llegar al aeropuerto con el tiempo justo demuestra eficiencia. En realidad, demuestra que confías demasiado en que todo salga perfecto. Aena recomienda tener en cuenta las colas, los controles de seguridad, la facturación y el desplazamiento hasta la puerta de embarque. Además, muchas compañías cierran la facturación con antelación.
Y aquí aparece una diferencia importante: no es lo mismo «llegar a la terminal» que «estar listo para embarcar». Un atasco, una cola inesperada o una terminal enorme pueden convertir esos veinte minutos de margen en una película de suspense bastante mala.
El primer día no necesita una agenda militar
Otro error habitual consiste en llenar las primeras horas con demasiados planes. Después de madrugar, desplazarse hasta el aeropuerto, volar, recoger el equipaje y encontrar el alojamiento, pretender visitar cuatro monumentos y terminar cenando a las diez de la noche puede ser una excelente manera de necesitar vacaciones después de las vacaciones.
Por eso, conviene reservar las primeras horas para aterrizar también mentalmente. Dejar margen para comer, descansar, localizar el alojamiento y familiarizarse con la zona suele mejorar mucho la experiencia. Además, si el vuelo se retrasa, no tendrás que reorganizar media jornada de reservas.
- No improvises el traslado desde el aeropuerto. Comprueba antes si existe metro, autobús, tren, taxi o traslado privado. En ciudades grandes, el aeropuerto puede encontrarse bastante lejos del centro. Saber de antemano dónde está la parada correcta evita empezar el viaje dando vueltas con una maleta como si participaras en una gymkhana.
- No des por hecho que podrás pagar todo con tarjeta. Si viajas fuera de la zona euro, revisa las condiciones de tu tarjeta antes de salir. El Banco de España advierte de que pueden existir comisiones por pagar o retirar efectivo en otra moneda y también cargos del propio cajero. Por tanto, conviene conocer las condiciones y tener una alternativa.
- No cambies grandes cantidades de dinero sin comparar. El tipo de cambio no es el único factor. También pueden existir comisiones que encarezcan notablemente la operación. El Banco de España señala que algunos establecimientos pueden ofrecer tipos aparentemente atractivos acompañados de costes elevados.
- No olvides comprobar el alojamiento. Parece absurdo, pero llegar a una ciudad y descubrir que el check-in comienza varias horas después puede obligarte a buscar dónde dejar las maletas. Si además viajas con niños o después de un vuelo nocturno, la gracia desaparece bastante rápido.
- No cargues el primer día con demasiadas reservas. Una entrada a un museo a las diez, una visita guiada a las doce, un restaurante a las dos y otro monumento a las cuatro suena estupendo sobre el papel. En la práctica, cualquier retraso puede desencadenar un efecto dominó.
- No descuides el teléfono. Si viajas dentro de la Unión Europea, el régimen de «roaming como en casa» permite utilizar llamadas, mensajes y datos en otros países de la UE sin recargos adicionales, aunque existen condiciones y límites que conviene conocer. Fuera de ese ámbito, comprueba las tarifas de tu operador antes de activar los datos móviles.
- No factures lo imprescindible. Aena recomienda llevar en el equipaje de mano documentos, dinero, objetos valiosos y medicación. Si la maleta se retrasa, al menos tendrás lo necesario para sobrevivir a las primeras horas.
- No conviertas la llegada en una competición. El objetivo del primer día no debería ser tachar veinte lugares de una lista. De hecho, dejar algún espacio libre permite descubrir una cafetería, pasear sin rumbo o simplemente sentarse a observar. Muchas veces, esos momentos terminan siendo los recuerdos que más permanecen.
En definitiva, los errores al empezar un viaje no suelen tener que ver con grandes decisiones, sino con pequeños detalles que dejamos para el último momento. Preparar el transporte, revisar horarios, comprobar las condiciones de pago y dejar margen entre actividades cuesta muy poco. A cambio, permite que las primeras horas transcurran con mucha más calma. Porque viajar consiste en descubrir lugares nuevos, no en descubrir también cuánto cuesta un taxi de emergencia.

